“Toplitz, el enigma oculto” no fue el primer cómic que dibujé y guionicé sobre Eric Chantereau. La génesis de esta historia arranca casi diez años antes, con un pequeño cómic titulado “El caso Nicolai”. Una historieta de apenas quince páginas, en blanco y negro que servía de presentación del personaje. La esencia de las mismas continua casi intacta en “Toplitz, el enigma oculto”. Me pareció una buena presentación entonces y me lo continua pareciendo hoy.

Sin embargo no era suficiente, afortunadamente en los últimos años había desarrollado tres o cuatro cómics más sobre el mismo personaje, así que busqué en mi archivo una historia que pudiera aprovechar, enlazarla y desarrollarla junto a “El caso Nicolai”. La encontré. Se titulaba “La quinta columna” y para la misma me había inspirado en un pequeño artículo que leí en un periódico, faltaban todavía un par de años para que apareciera internet y este tipo de historias no circulaban con tanta fluidez como ahora. Uno de aquellos viejos misterios de la II Guerra Mundial que con el paso de los años se habían ido engordando, distorsionando y como siempre, y por fortuna para mi historia, no resolviéndose. Dudo que alguna vez lo haga. Se trataba de un escondido lago de alta montaña situado en Austria llamado Toplitz y su enigmático uso por parte de los nazis durante y sobretodo al final de la guerra.

Entre ambos tenía lo suficiente para redefinir un comienzo, un principio… o eso creía yo. Tenía dos pequeñas historias que funcionaban muy bien por separado, pero no conseguía encajarlas. Era como tener un taburete con solo dos patas: inútil y absurdo. Faltaba algo, algo que Alfred Hitchcock llamaba “mac guffin”. Si alguien desea averiguar su significado, le sugiero que vea su película “Con la muerte en los talones” y lo entenderá sin problemas.

Mi primera referencia a “armas secretas” desarrolladas por los nazis durante la II Guerra Mundial viene de uno de mis cómics preferidos de Tintin; “El asunto Tornasol”. La primera vez que lo leí debía tener unos trece años. En el mismo, Hergé menciona explícitamente un libro titulado “German research in World War II” escrito por un tal Leslie E. Simon. La única vez en toda su carrera que tomó un elemento real y lo aplicó a una historia. Hergé tuvo incluso la paciéncia de reproducir la portada del libro, con alguna ligera y comprensible modificación, la esvástica nazi de la edición “real” del libro (hoy probablemente imposible de encontrar) era omitida. Así mismo en otra viñeta aparece el dibujo, a modo de fotografía, de un curioso artefacto, parecido a un altavoz gigante. Años más tarde, descubrí que ese dibujo estaba inspirado en una foto auténtica, gracias a un curioso libro que cayó en mi poder, escrito por un tal José Lesta titulado “El enigma nazi”. Uno de esos libros que uno nunca sabe si tomarse muy en serio o no, aunque el mismo, terriblemente entretenido, estaba o aparentaba estar bastante bien documentado. El mismo atrajo mi interés en el momento en que intentaba ordenar el puzzle en que se había convertido mi historia y allí encontré el mac guffin al que hago referencia un poco más arriba.

A partir de ahí, solo tuve que encajar las piezas. El resultado fue altamente satisfactorio. “Toplitz, el enigma oculto” reunía y reune todo lo que uno espera encontrar en lo que despectivamente, aunque a veces con bastante acierto, se llama o llamaba, “novela barata” o “pulp fiction”; un héroe misterioso y algo ambigüo, malos malísimos, mujeres fatales, situaciones imposibles, lugares exóticos, acción, humor… y yo añadí las suficientes referencias a hechos históricos reales, ampliados en la versión novelada que espero ver algún día publicada, como para interesar a cualquiera no especialmente predispuesto a la ciencia ficción, aunque sí en que le cuenten buenas historias.

El cómic fue editado el año 2007, llegándose a distribuir brevemente en sitios como Fnac, con ventas simbólicas. Podéis solicitar un ejemplar por email, trataré de localizarlo.

Tengo proyectado hacer una nueva versión, algún día.